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Agee on Flims

Tuesday, November 01, 2005

La primera mención que leí de James Agee fue en los diarios de John Cheever cuando éste lamenta la muerte de aquel y dedica un bello párrafo a su memoria. The Village Voice publica ahora un artículo sobre sus escritos de cine. El primer tomo de sus obras en Library of América, nos dicen está dedicado, precisamente, a sus críticas de cine. Supongo que a alguien le gustará leer esta noticia de cine.

Woody Allen-Philip Roth, separados al nacer?

Friday, September 30, 2005


The Estranged Twins

Hace tiempo que encontré este artículo y deseaba ponerlo aquí. Más que diferencia, Alex Abramovich ve coincidencias misteriosas en la carrera de estos dos tipos. A lo mejor le interesa a alguien.

"There are differences, of course: Philip Roth is a Newark native who now lives as a virtual recluse in the Connecticut woods. Woody Allen was raised in Brooklyn, lives in a penthouse on the Upper East Side, and mixes with musicians and starlets. Roth went to the University of Chicago and was writing film criticism for the New Republic by age 24. Allen was kicked out of NYU and CUNY and never finished college. Roth is tall, dark, and handsome. Allen is none of these."

Cine en red

Monday, June 06, 2005


Los servicios modernos de "cine sobre pedido", por los que pueden descargarse películas de cartelera con sólo una conexión de banda ancha y el pago correspondiente, no son las únicas posibilidades de ver cine por la red; es sólo que los servicios de intercambio gratuito no siempre funcionan bien con los archivos enormes que se necesitan para contener incluso la mayoría de los cortometrajes. Sin embargo, una búsqueda por la red da frutos con relativa facilidad y demuestra, a pesar de la comercialización del medio, la existencia de rendijas por las que pueden deslizarse las "iniciativas sin fines de lucro" que iban a ser el corazón de la red. Ejemplos: Nosferatu de Wilhelm Murnau o Charada de Stanley Donen (que ha pasado al dominio público por un interesante error), alojados en el Internet Archive; o bien (en el excelente sitio Ubuweb), Scorpio Rising de Kenneth Anger, Un perro andaluz de Luis Buñuel y muchos otros. Ésta es una evidencia muy interesante de los límites y las posibilidades marginales que tienen las películas en nuestro tiempo.

Otras 100 mejores

Monday, May 23, 2005
La revista Time ha publicado en su sitio web otra lista más de "las cien mejores películas"; ésta es una selección de Richard Corliss y Richard Schikel, los dos críticos de casa de la publicación. La idea misma de elaborar semejantes catálogos se ha vuelto vieja a fuerza de explotarla, y los mismos críticos no parecen tomársela demasiado en serio; como siempre, interesan más las ausencias (Annie Hall, El acorazado Potiomkin, 2001: odisea del espacio) o las adiciones curiosas (desde El detective cantante hasta El maestro borrachón II). Una subsección de la página ofrece una lista de "placeres culpables" de Schickel, entre los que se cuentan Joe contra el volcán y Loco por Mary.

Alberto Chimal

Mitos modernos

La venganza de los Sith


(NOTA: Alguien debía empezar, y con alguna película; mando un saludo a los lectores y anuncio --aunque en este caso poco importa-- que las notas contienen información sobre el final de las películas. A.C.)

Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith
(Star Wars. Episode III: Revenge of the Sith, Estados Unidos, 2005)
  • Dirección y guión: George Lucas

  • Producción: Lucasfilm/Rick McCallum

  • Principales intérpretes: Hayden Christensen (Anakin Sakywalker/Darth Vader), Ewan McGregor (Obi-Wan Kenobi), Ian McDiarmid (Canciller Palpatine/Darth Sidious), Natalie Portman (Padmé Amidala), Frank Oz (voz de Yoda), Samuel L. Jackson (Mace Windu)

  • Sinopsis: la guerra entre la República Galáctica y los Separatistas continúa. Anakin Skywalker, caballero jedi, está con el resto de su orden del lado de la República, y se ha convertido en héroe de muchas batallas junto con su maestro, Obi-Wan Kenobi. Sin embargo, no puede revelar su matrimonio secreto con la senadora Padmé Amidala, y ella le anuncia estar embarazada. Cada vez más desconfiados de las maniobras políticas del canciller Palpatine, líder de la República, los jedi piden a Anakin (quien es amigo y protegido del político) que lo espíe, pensando en que será necesario derrocarlo si, al término de la guerra, se empeña en permanecer en su puesto. A su vez, Palpatine afirma desconfiar de los jedi y fuerza el nombramiento de Anakin dentro del consejo supremo de los jedi, lo que éstos aceptan con disgusto. Frustrado por lo que considera desprecio de sus pares, y sin saber a quién otorgar su lealtad, Anakin comienza a tener sueños proféticos en los que su esposa muere durante el parto; cada vez más preocupado, descubre que Palpatine es Darth Sidious, jefe de la orden de los sith (enemigos tradicionales de los jedi), pero éste afirma poseer los conocimientos y el poder necesarios para impedir la muerte de Padmé. Cuando Palpatine está por ser detenido, Anakin decide ayudarlo y lo ayuda a matar a los jedi que se proponían arrestarlo. Sin otra salida que alinearse con Darth Sidious, acepta convertirse en su discípulo y ejecutor y toma el nombre de Darth Vader. Sidious lanza un ataque contra los jedi, cuidadosamente planeado, que resulta en su virtual exterminio; a la vez, Vader acude a asesinar a los líderes separatistas al distante planeta Mustafar, para terminar la guerra. Sólo dos jedi sobreviven a la purga: Kenobi y el maestro Yoda, quienes se proponen detener a Sidious y Vader. Yoda lucha contra Sidious, quien acaba de proclamar el paso de la República al Imperio Galáctico, pero no consigue vencerlo y debe huir. Padmé viaja a Mustafar a confrontar a Vader, quien se enfurece al descubrir que Kenobi viajó de polizón en la nave de Padmé y comienza a estrangularla. Kenobi interviene, los dos pelean largamente con sus espadas láser y al fin Vader, enfurecido, pretende matar a su antiguo amigo, pero éste le corta dos piernas y un brazo y, sin atreverse a rematarlo, no impide que Vader caiga en un río de lava y sufre terribles quemaduras. Sidious rescata a Vader y le proporciona una armadura y prótesis que le permiten mantenerse con vida; Padmé muere al dar a luz gemelos, a los que llama Luke y Leia. Los bebés son separados al nacer por Yoda y Kenobi, quienes afirman que con el tiempo podrían oponerse al emperador y a Vader, quien lo ha perdido todo y no tiene otro camino que continuar como servidor del mal.

1. El éxito de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) de George Lucas, así como de sus cinco continuaciones/precuelas, se ha debido siempre, en buena medida, más a las apetencias y deseos de su público que a sus propios méritos. Pese a sus guiños a Ford y a Kurosawa, pese a la devoción de sus fanáticos, toda la "saga" es un ejercicio kitsch (gozoso y transgresor en su entrega original, obligado en las demás): la recuperación de clichés y prejuicios del cine de aventuras de la primera mitad del siglo XX, vueltos a pintar y atrayentes para un público que no conoce los referentes originales y es capaz de aceptar el refrito sin ironía (e incluso de percibirlo como novedad). Las razones son, por supuesto, sentimentales: la serie es una fantasía escapista a un mundo simplificado, en el que el bien y el mal pueden distinguirse con sólo mirar la cara o la ropa de quien habla, y en la que es posible trascender lor orígenes y las barreras sociales, así como las obligaciones, para embarcarse en magníficas aventuras.
      Las supuestas virtudes de la trama como re-hechura de mitos ancestrales: como el modelo fundamental para nuestro tiempo de un "viaje del héroe" que resume todas las pulsiones de la mente humana, vinieron después, promovidas luego del estreno de El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) y El regreso del Jedi (Richard Marquand, 1983). La razón puede estar en el hecho de que, en los años que mediaron entre dichas películas y la segunda trilogía, recién concluida con La venganza de los Sith, Lucas pasó de director a empresario y productor de disparejo mérito, y consolidó su enorme fortuna no con su obra fílmica, sino vendiendo a sus conversos toda suerte de productos con su aval y la marca Star Wars, desde cajas de cereal hasta novelas de numerosos hack writers. Tal vez esa respetabilidad que Lucas ha intentado dar a la obra de su vida en años recientes ("emprendí estas películas", declaró a El País en 1999, "para proporcionar a las nuevas generaciones una suerte de ética básica") nazca del reconocimiento de su origen de pacotilla, de la superficialidad de sus ideas o su persistente confusión de lo espectacular con lo hermoso, de la mezquindad de sus fines últimos.

2. Todo lo anterior, por supuesto, parece irrelevante para la mayoría de los comentaristas de La venganza de los Sith, que es, como sus predecesoras (La amenaza fantasma, 1999, y El ataque de los clones, 2002), una campaña publicitaria más que una película: el hype alrededor de su estreno (aunque incluyera para algunos la pregunta morbosa "¿podrá ser menos mala que las dos anteriores?") es una experiencia más intensa y duradera que el propio visionado de la cinta. Además, el grueso de los miles de reseñas ya disponibles sobre la película es semejante a ésta, que cito:
(...) el conjunto visual resulta tan espectacular que cualquier exceso se pierde en un mundo tan complejo y tan lleno de planetas, personajes y tramas simultáneas. Ante tal muestra de talento, y tal cantidad de sensaciones, en verdad que uno necesita estar muy amargado como para detenerse a analizar con odio los diálogos románticos, o la forma fugaz con la que se seduce al joven Jedi. La cinta es para disfrutarla, para analizarla pero sin odio, sin esa vía al lado oscuro descrito en su interior. (...) Sea que Lucas escuchó –por fin- a los fans, o que simplemente planeó un crescendo emocional en la nueva trilogía, el resultado es el mismo: la espera ha valido la pena, las respuestas (casi todas, al menos) están en la mesa, y la Fuerza lo invade todo. Absolutamente todo. La saga está completa, el mundo tiene un clásico que compartir para siempre, el cine tiene un logro titánico que sólo un visionario y soñador como George pudo lograr, y guste o no a los más amargados, se trata de una saga cuyo lugar en la Historia de la humanidad está más que ganado. Un proceso de 30 años ha llegado a su fin. (...)


3. Yo entiendo (porque la experimenté, aunque de modo curioso, en 1977, cuando era niño) la fascinación que produjo la trilogía original. Por consiguiente, entiendo cuán auténticas son las pasiones de los verdaderos fans, cómo han podido sostenerse durante tantos años, y de qué forma la serie entera se engrana en ellos con deseos y recuerdos profundos, y se convierte en un mito: una historia capaz de articular esas emociones, y que por lo tanto no pueden juzgar sin apasionamientos.

4. Sin embargo, aparte de esas efusiones, la película es, como el resto de la serie, mala: en especial, el guión de La venganza de los Sith es tímido y simplista, sus escenas de acción muchas veces confusas y sobresaturadas, la dirección terrible. La mayoría de los seres humanos en la pantalla sólo parecen vivos si les toca pelear con espadas láser, y entonces las complicadas coreografías de Nick Gillard parecen danzas de fertilidad en fast forward.
Esos otros actores, y sobre todo Portman, McGregor y Jackson, parecen perdidos en un escenario vacío, como se ha dicho muchas veces, porque en efecto lo están: la casi totalidad de sus escenas, como se sabe, son filmadas sobre blue screen para agregar después fondos y personajes digitales, y Lucas no ha aprendido a estimular la imaginación de sus actores para compensar la falta de referencias perceptibles.

5. El cineasta logra momentos de gran belleza, hay que decirlo, aunque son diminutos e infrecuentes: pequeños tramos de la edición que ofrecen pares simbólicos conmovedores, o breves planos, aparentemente triviales, que adquieren un carácter ominoso gracias a su contexto y a la música. Por ejemplo, un contrapunto entre Padmé y Anakin, cada uno en un edificio distinto, tratando de mirar al otro a través de muchos kilómetros, justo antes de que el caballero jedi decida traicionar a los suyos.
      Y un actor, Ian McDiarmid, consigue dar una interpretación convincente (sólo la estropean, al final, el maquillaje y su voz alterada digitalmente) como el villano Darth Sidious, porque se vale de su larga experiencia en el teatro para dar una entonación insidiosa y seductora a sus parlamentos y para ofrecer (cosa rara en el cine de Hollywood) un trabajo actoral completo: su cuerpo entero se mueve con las intenciones de Sidious, como se ve cuando el villano, aparentemente vencido por el maestro jedi Mace Windu (Jackson), retrocede hasta quedar arrinconado contra el marco de una ventana, dando una vuelta completa sobre sí mismo al avanzar, en actitud acobardada y frenética.

5. Por otro lado, el desarrollo de la trama, que se supone el centro del interés de La venganza de los sith, no deja de tener agujeros a pesar del enorme esfuerzo de Lucas para atar todos los cabos dejados por los filmes anteriores. Debe haber muchos problemas, en realidad, que sólo percibirán por especialistas: el error más notorio está en la dirección de Christensen (actor joven pero mucho mejor de lo que podría parecer si sólo se le conoce por sus interpretaciones en Star Wars), quien no queda a la altura de las exigencias de su personaje y no consigue colver creíbles sus motivos para "pasarse al lado oscuro": temor por el futuro de su esposa; orgullo; presión y desconfianza de sus iguales y sus superiores en la orden de los caballeros jedi, y la única sorpresa de la película: el hecho de que esa orden resulta mucho menos pura y virtuosa de lo que las pelìculas originales habían indicado, y muchos de sus notables se revelan menos como sacerdotes/guerreros que como políticos, pragmáticos y deseosos de poder. Al no poder salvar este obstáculo, la magnitud de su caída y la del mundo de Lucas en las tinieblas queda menos en las propias imágenes que en la buena voluntad de los espectadores.

6. Se supone que las grandes historias épicas, los grandes textos que articulan las obsesiones de culturas enteras y luego las sobreviven, no son nunca obra de un solo creador. Por el contrario, se van formando, por acumulación, a lo largo de siglos, a medida que diferentes revisores amplían y modifican los textos originales, que muchas veces ni siquiera fueron escritos, y se perdieron. El resultado de esta labor, cuando por cualquier razón se le da una "forma definitiva" o ingresa en el canon, es una obra (como el Mahabharata o la Ilíada) que sólo puede atribuirse a un personaje ficticio, como Vyasa u Homero; la importancia del talento individual es una noción mucho más moderna, y ninguna de las culturas antiguas habría creído posible (ni tolerable) la labor de C. S. Lewis o J. R. R. Tolkien, individuos creadores de mitologías enteras.
      Con Star Wars, una y otra forma de pensar se enfrentan: en este caso, el individuo creador es una persona moral, la empresa Lucasfilm, que desea (por razones estrictamente mercantiles) mantener el control total sobre sus productos y convencer a sus compradores de que la única fuente válida de historias sobre el universo de la familia Skywalker es la propia Lucasfilm. Sin embargo, los textos de la empresa dejan tanto que desear (es inevitable) que los fans insisten una y otra vez en crearse sus propias ficciones. Cuentos, novelas, cortometrajes y hasta re-ediciones de las películas (que circulan en DVD pirata; algunas del Episodio I son hechas especialmente para eliminar al tristemente célebre Jar Jar Binks) son el testimonio de (digamos) un pueblo, siquiera virtual, que desea reclamar lo que le pertenece, sus señas de identidad y las historias que (por simplistas que sean) les permiten enfrentarse con el mundo.
      Lamentaré no estar por aquí en uno o dos siglos, cuando Lucasfilm haya dejado de existir, nadie espere más sacar algo de dinero del universo de Star Wars y los remotos descendientes de los fieles de hoy (si llega a haberlos) puedan hacer lo que les plazca con mundo ficcional. Sin duda, de ocurrir, será una experiencia muy interesante: verdaderos mitos modernos.

Alberto Chimal

Coming soon

Monday, May 09, 2005